Sobre el nacimiento y desarrollo de la pediatr


Ensayo sobre le nacimiento y desar



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Ensayo sobre le nacimiento y desar
rollo de la pediatría
de límites precisos salvo rotundas excepciones. Por ello, la madre, el ama ó los educa-
dores más que los médicos eran en la mayoría de los casos los principales asistentes en
las enfermedades de los niños, y a ellos, precisamente, van destinadas las primeras
obras del cuidado de la infancia.
2. 2. Literatura sobre enfermedades de los niños
Los escritos sobre el cuidado de los niños sanos y enfermos adopta tres formas: la
inclusión en los textos médicos generales, su integración en las obras de Obstetricia y
Ginecología y finalmente, a partir de la Baja Edad Media, su individualización como mono -
grafía pediátrica.
1. Ya en la culturas pre-helénicas existen referencias sumarias a la patología infantil
en las que sobre la base de una concepción teúrgica de la enfermedad se suma un
ascendiente empirismo clínico. Pródigo en este tipo de referencia es el Talmud que con-
densa gran parte del saber médico hebreo. Mayor perfección alcanzan las descripciones
clínicas e indicaciones terapéuticas de los textos médicos egipcios, especialmente las
contenidas en el Papiro de Ebers. Unas y otras ejemplifican sobradamente los vacilantes
pasos iniciales de la literatura médica y pediátrica.
La etapa científico-racional de la medicina, que se inicia en la Grecia Clásica, va a
ofrecer  múltiples narraciones sobre enfermedades de los niños incluidas en los textos
médicos generales como el Corpus Hipocraticum, los Ocho Libros de la Medicina de
Celso, los tratados de Areteo, Sorano y Galeno, por citar sólo los más relevantes.
Estas referencias pediátricas en tratados generales se repetirán con el paso de los
siglos hasta la actualidad. Aurelius Cornelius Celsus, que se duda si fue médico, compi-
ló y tradujo tratados enciclopédicos sobre medicina y otras profesiones con gran altura
literaria; dedicó en su obra alguna extensión a las enfermedades infantiles y concluye que
los tratamientos prescritos para los adultos no son aplicables a los niños. Aretaeus de
Cappadocia (Siglos II y III D.C.) da una lista de las enfermedades comunes infantiles entre
las que cita la neumonía, pleuresía, difteria y el tétanos. Sorano de Efeso, (siglo II D.C.) es
la máxima autoridad en obstetricia, ginecología y pediatría del periodo griego y greco-roma-
no; en su tratado G y n a e c i a dedica unos veinte capítulos a la higiene de la infancia y otro a
las enfermedades infantiles más comunes, sobre todo del recién nacido y lactante; algunas
de sus descripciones podrían corresponder al raquitismo, insolación, etc.; da también noti-
cia de la curiosa costumbre de salar al niño espolvoreándolo con ceniza que se había prac-
ticado antes de su tiempo y que continuó hasta finales del siglo XV.
En general todo este tipo de literatura descansa en el supuesto de la debilidad natu-
ral de la infancia, por lo que se orienta a indicar prescripciones (Seidler 1973) para,
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En el mismo sentido se dirigían los viejos Regimina medievales dedicados en su
mayoría no a los médicos sino a cuantos directamente habían de tratar al niño.
2. De aparición posterior, es el desarrollo de algunos temas infantiles como capítulos
finales de los tratados de obstetricia según el modelo de Gynaecya se Sorano de Efeso
(siglo I-II D.C.). Esta forma de literatura pediátrica perdurará hasta la segunda mitad del
siglo XIX con la creación de las primeras cátedras de enfermedades de la infancia.
Aportación importante a este respecto es la del cordobés de origen cristiano Arib Ibn
Sa’d Al-Khatib Al-Qurtubi (siglo X), cuya obra Tractatus de foetus generatione ac puerpe -
rarum infantiumque regimene dividido en quince capítulos resume en gran medida el
saber tocológico y pediátrico de la época. La parte pediátrica de la obra agrupada en los
últimos siete capítulos sigue la tradición hipocrática  y galénica propia de toda la Edad
Media; la exposición de los temas tiene una orientación didáctica destacando los conse-
jos terapéuticos: un primer capítulo destinado al recién nacido es seguido de la división
de las edades infantiles en cuatro períodos según el pensar hipocrático lo que le permiti-
rá destacar los procesos más frecuentes en cada una de estas edades. La etapa de
recién nacido se caracteriza por una patología en la que predominan las aftas, los vómi-
tos, la tos, el insomnio y terrores nocturnos, onfalitis, otitis, pústulas de diverso tipo, hidro-
cefalias, etc.; la segunda edad infantil se prolonga hasta la dentición y aparte de los
procesos anteriormente citados menciona todos los febriles relacionándolos con la denti-
ción; también anota referencias sobre la epilepsia, dispepsias y estrabismo. En las dos
últimas edades insiste particularmente sobre la patología infecto-parasitaria, diversos pro-
cesos febriles, sarampión, viruela, conjuntivitis y amigdalitis, asma, dermopatías y para-
sitosis intestinales. Da idea sobre la práctica de la circuncisión así como ciertas reglas de
higiene y educación, dedicando el último capítulo de su obra al estudio de la pubertad.
Estos siete capítulos finales constituyen un magnífico ejemplar de puericultura prenatal y
pediatría.
En general, la pediatría medieval se limitó a recuperar, compilar y mantener, no sin
defectos, el legado greco-romano, en manos de autores árabes, judíos y algunos cristia-
nos. La decrepitud en el arte de curar que siguió al periodo greco-romano se reduce por
la actividad de la escuela de Salerno, la primera escuela médica independiente. Oscura
en sus orígenes, la enseñanza médica que allí se impartió resultó vigorizador ante las
deficiencias de la Edad Oscura. Aunque la anatomía y fisiología seguían las enseñanzas
clásicas, las enfermedades fueron estudiadas de primera mano de manera objetiva y efi-
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impedir que el frágil edificio de la “physis”
infantil caiga en ruinas. 

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