Ladislau Dowbor La era del capital improductivo


Fuente: Ladislau Dowbor, Guía Ilustrada de la Privatización de la Democracia en Brasil, Vigencia, 2016, p.21



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Fuente: Ladislau Dowbor, Guía Ilustrada de la Privatización de la Democracia en Brasil, Vigencia, 2016, p.21
7 - El control financiero de las commodities

La visión que heredamos muestra que el lucro se genera en la empresa, que paga a los trabajadores menos de lo que representa el valor obtenido. Esto, sin duda, es verdad, ya sea si llamamos al valor obtenido beneficio, plusvalía o, de forma más neutra, excedente. No hay más que añadir a ese debate. Lo que queremos demostrar es cómo este beneficio cambia de lugar en la cadena productiva. Y que es, cada vez menos el productor -y aquí nos referimos al trabajador y también al empresario productivo- quien se apropia del resultado del valor agregado de un determinado producto, mientras que cada vez más lo hace el intermediario.

El gráfico que sigue muestra como se forma la cadena de precios de un producto, el café, a medida que avanzamos en la cadena productiva, desde el cultivo del grano por el agricultor hasta el momento en que se transforma en el café que tomamos en la taza. Los valores que presentamos están desactualizados, son del 2003, pero lo que nos interesa aquí son las proporciones de apropiación del excedente de cada agente:

Fuente: UNDP, UNEP, WHO, UNESCO, IAASTD -Agriculture at a Crossroad – International Assessment of Agricultural Science and Technology for Development, New York, 2009 – Disponible en: https://goo.gl/aBvFBm31 31

-http://www.unep.org/dewa/agassessment/reports/IAASTD/EN/Agriculture%20at%20a%20Crossroads_Synthesis%20Report%20%28English%29.pdf

Véase la evolución del precio del café desde la puerta de la hacienda, en Uganda, a la puerta del bar, en el Reino Unido: pasa de los 14 centavos de dólar pagados a quien lo cultivó al equivalente a 42 dólares que pagamos en el bar. Utilizamos el ejemplo del café de Uganda para ilustrar una tendencia general. Lo tomamos de un excelente estudio internacional, Agriculture at a Crossroad, sobre la aplicación de la ciencia y la tecnología a la economía agrícola32.

Hay que seguir la evolución de las columnas que representan el valor alcanzado en cada etapa: puerta de la hacienda, comercialización primaria, embarque en el puerto de Mombasa, descarga en Felixstowe, en el Reino Unido; costo del producto después del procesamiento en la fábrica, precio en la estantería del supermercado, y finalmente el precio del café en la taza. Se ve, en primer lugar, la participación ridícula del productor de café, que es quien carga con la parte mayor del trabajo. Al mirar las cinco primeras etapas vemos que para el conjunto de los agentes económicos que pueden considerarse productivos (productor, servicio comercial primario, transporte, procesamiento) la participación en el valor que el consumidor final paga es muy pequeña. El gran e inmenso salto se produce en el precio en la estantería del supermercado, en los Walmart o equivalentes en cualquier país. El otro salto se produce en el “when made into coffe”, o sea cuando se sirve en forma de café listo para tomar. El gráfico habla por sí solo. Y los valores en los extremos, 14 centavos y 42 dólares, dan una idea de la deformación de la lógica de remuneración de los factores y de los agentes económicos, una diferencia de 1 a 300. Producir rinde poco. Lo que rinde es hacer la intermediación de la producción de los otros.

No hay nada muy nuevo en esto. Todos sabemos del peso de los intermediarios. El concepto se inventó justamente para reflejar la dimensión negativa de éstos en los procesos productivos, ya que ganan no ayudando sino, al contrario, poniendo obstáculos o peajes en los ciclos productivos. Lo que destaca hoy es la existencia de un desequilibrio muy fuerte entre los esfuerzos que dedicamos al estudio y divulgación de la variación de precios en el tiempo, esencialmente la inflación, y lo poco que estudiamos la variación de precios dentro de las cadenas productivas. Eso aparece de vez en cuando, como en el programa Globo Rural (Brasil), que presentó a productores de tomate del estado de Paraná que se negaban a vender el producto al precio de centavos por kilo (4 reales por cada caja de 30 kilos en aquella época) sabiendo cuanto el consumidor pagaría en el supermercado o en el comercio.

El impacto económico de este proceso es simple: del lado del productor, el beneficio es insuficiente para desarrollar, ampliar o perfeccionar la producción, y en consecuencia la oferta no se puede expandir. Del lado del consumidor, el precio es muy elevado, lo que hace que el consumo también sea limitado. Por fin, quien gana es el intermediario, con márgenes de lucro muy elevados sobre un flujo relativamente pequeño de producto. Y los intermediarios, cada vez más, son inmensas redes de comercialización que acaban dictando los precios, con beneficios financiero de oligopolio y creando una economía de peaje.

La lógica de la desintermediación, naturalmente, es la de reducir los beneficios generados en el peaje, redistribuyendo esta apropiación del excedente entre el productor, que podrá producir más y mejor, y el consumidor, bajo la forma de precios más bajos, lo que permitirá un consumo mayor y la compra de más productos. El intermediario, ciertamente, ganaría menos sobre un volumen mayor, pero continuaría teniendo su parte del pastel sin perjudicar a la cadena productiva.

¿De dónde viene este poder del intermediario para bloquear el proceso y maximizar su beneficio? Otro gráfico del mismo estudio ilustra bien la situación del pequeño productor y del consumidor final frente al “cuello de botella” que provocan los grandes intermediarios. Ayuda esencialmente a entender la dificultad de la agricultura de pequeña escala, pero el argumento sirve también para un abanico muy amplio de actividades productivas.

Fuente: UNDP, UNEP, WHO, UNESCO, IAASTD – Agriculture at a Crossroad – International Assessment of Agricultural Science and Technology for Development, New York, 2009 – Disponible en : https://goo.gl/aBvFBm

Nota a la imagen: La Concentración del Mercado Ofrece Menos Oportunidades para los Pequeños Agricultores33

La zona amplia en la parte de abajo del gráfico, que representa a los agricultores (small-scale farmers), está constituida por muchos productores (más de cuatro millones en Brasil), dispersos y con poca fuerza. Se forma después, más arriba, un cuello de botella, al nivel de los traders (comercialización primaria), que se estrecha más todavía en el nivel de los procesadores del producto, manteniéndose muy concentrado en el nivel de los detallistas. En el nivel de los consumidores, el cuello se abre nuevamente de manera radical, pues son millones los consumidores sin ninguna fuerza individual para influir en los precios. Cuando nosotros, consumidores del producto final, preguntamos porqué subió el precio, nos dicen que el producto “está llegando más caro”. Pero, ¿llegando más caro de dónde?

Este tipo de estudios, que sólo ocasionalmente aparecen, en algunos casos extremos, muestra dónde surge efectivamente la inflación (es el momento del “salto” radical del precio) y, por tanto, dónde se bloquea también el desarrollo de los procesos productivos. Hoy, tenemos un sinnúmero de instituciones que hacen seguimiento muy detallado de la inflación, entre otras razones porque es importante para el reajuste de los alquileres, de los salarios y otras cuestiones. Pero el análisis sobre el origen del cambio del nivel general de los precios busca en los sectores que se destacan, por ejemplo los alimentos, pero no las variaciones de precios dentro de la cadena productiva.

Prácticamente nadie estudia dónde se produce el aumento del precio, en qué eslabón de cada cadena productiva tiene lugar. Gráficos como estos dos que presentamos aquí sólo se encuentran raramente. No se hacen de forma sistemática ni regular, de manera que se pueda formar una imagen de la evolución de esos costos en el tiempo. Sin embargo, todos los datos de la composición de los costos de cada producto existen, pues las empresas los necesitan para definir el precio final de venta. Lo que necesitamos hacer es un tipo de ‘ingeniería al revés’, tomando un producto final, un medicamento, por ejemplo, y ver la evolución de los costos en cada nivel de la transformación e intermediación.

Esto haría mucha luz, también, sobre el coste de la intermediación financiera, que encarece mucho el producto final y reduce la productividad de la cadena en los procesos productivos. Además de eso, permitiría estimular inversiones complementarias en las áreas del cuello de botella, de forma que se diversificaría la oferta y se reduciría el efecto de cartelización. Sería un instrumento poderoso para que el Consejo Administrativo de Defensa Económico (CADE) pudiera identificar puntos de incidencia para políticas anti-trusts y de defensa de mecanismos de mercado, mejorando la relación de fuerza de los productores frente a los intermediarios, una relación cada vez más desequilibrada.

No podemos mantener una situación en la que todo el mundo sabe del obstáculo que representan los intermediarios de diversos tipos para la dinamización de la producción y del consumo pero nadie produce información adecuada sobre cómo se construye el precio final de cada producto. No basta con medir la inflación, tenemos que ver cómo se genera y quién la genera. No es particularmente complejo comparar cuánto vale en el mercado al detalle el ácido ascórbico, la popular vitamina C, con lo que tenemos que pagar por ella en la farmacia.

En términos de dinamización del proceso productivo, en general, se trata de identificar los cuellos de botella que generan los extraordinarios beneficios que, sin embargo, no agregan el valor correspondiente. Son los eslabones de la cadena productiva que inflan los procesos y traban la expansión del ciclo productivo. Frente a la actividad de los grandes intermediarios, en número cada vez menor, en las principales cadenas productivas, es fundamental profundizar el conocimiento para conseguir una mejor comprensión del proceso de formación de la cadena de precios.

Las diversas instituciones que hoy hacen seguimiento de la inflación con todo detalle bien podrían, sin mucha dificultad, abrir una ventana de actividad y prestar un buen servicio en favor de la racionalización de los procesos productivos. Además de eso, el proceso de incorporación de los costes financieros (los tipos de interés altos que pagan los productores) en la elevación de los precios tiene que ser transparente. Estudiar la cadena de precios nos permite identificar el cuello de botella, o sea, dónde efectivamente se hace el dinero y se acumulan los beneficios, muy lejos y sin comparación posible con el esfuerzo productivo o la contribución económica. En particular, se propone descubrir y exponer el valor del que se apropian los intermediarios financieros y comerciales que no contribuyen a la producción de forma proporcional. Es el universo de los commodity traders.

Un dossier organizado por Joshua Schneyer, divulgado por la Reuters, una agencia sobre la que no recae ninguna sospecha de antipatía por los sistemas especulativos, ayuda a entender el proceso. “Para el pequeño club de compañías que comercializan los alimentos, combustibles y metales que hacen al mundo funcionar, la última década ha sido sensacional. Estimulado por el crecimiento de Brasil, de la China, de India y otras economías en rápida expansión, el boom de las commodities globales aceleró el incremento de lucros en las mayores empresas de intermediación. Forman un grupo cerrado cuyos miembros, poco regulados (loosely regulated), están situados frecuentemente en paraísos fiscales como Suiza. Juntos valen más de un billón de dólares en entradas anuales y controlan más de la mitad de las commodities libremente comercializadas. Las cinco mayores consiguieron 629.000 millones de dólares en el año 2010, justo por debajo de las cinco mayores corporaciones financieras y más que el conjunto de las ventas de los principales players de tecnología o telecomunicaciones. Muchas suman posiciones especulativas que valen miles de millones en materias primas o almacenan commodities en depósitos o tanques gigantes durante los períodos de oferta débil”34. (n.34)

Como trabajan con bienes físicos, los esfuerzos de regulación de la especulación financiera (como las propuestas Dodd-Frank en los EUA y las correspondientes en la UE) no les afectan, lo que significa que nadie los regula. “Fuera del área de las commodities, muchos de estos gigantes silenciosos, corredores de los bienes básicos del mundo, son poco conocidos. El control que ejercen está expandiéndose. Las grandes firmas de trading son propietarias de un número creciente de minas que producen muchas de nuestras commodities, de los navíos y de los conductos que las cargan, así como de los depósitos, silos y puertos donde son almacenados. Con sus conexiones e información interna -los mercados de commodities se ven, básicamente, liberados de las restricciones de insider-trading- las empresas de trading se convirtieron en mediadoras del poder, especialmente en las economías en fase de rápido desarrollo en Asia, América Latina y África”.

La visión que tenemos, en gran parte fruto de los comentarios desinformados o interesados de la prensa económica, es que las fluctuaciones de precios de las commodities son resultado de las variaciones de la oferta y la demanda. O sea, mecanismos de mercado. En realidad, sin embargo, no es posible imaginar que una commodity con niveles tan amplios y equilibrados de producción y consumo como el petróleo sufra variaciones entre los 17 y los 148 dólares por barril en pocos años, cuando se trata siempre de los mismos 95-100 millones de barriles diarios, con variaciones mínimas. Es un comercio que trata con bienes vitales para la economía mundial, pero cuyos precios y flujos resultan, esencialmente, mecanismos de especulación económica y de poder político.

El estudio de Schneyer cita el comentario de Chris Hinde, editor del Mining Journal de Londres: “La mayor parte de los compradores de commodities en el mundo son tomadores de precios (price takers). Las mayores empresas de trading son formadoras de precios (price makers). Esto las coloca en una posición tremenda [de poder]”.

La realidad es que un conjunto de productos que constituyen la “sangre” de la economía, como los alimentos, los minerales y la energía, no son regulados ni por reglas ni por mecanismos de mercado. Y mucho menos por cualquier tipo de sistema de planificación que piense en problemas como el agotamiento de los recursos o de los impactos ambientales. La regulación formal, por leyes, acuerdos y semejantes, no se está produciendo, en primer lugar porque se trata de un mercado mundial y no existe gobierno mundial. Los países, individualmente, no tienen condiciones para enfrentarse al proceso. Cuando Argentina quiso restringir las exportaciones de granos para priorizar la alimentación de su propia población, el mundo cayó encima de ella, como si la producción de alimentos no tuviese que satisfacer prioritariamente las necesidades alimentarias de la población.

El caos generado se puede ver en números básicos: el planeta produce 2.000 millones de toneladas de granos por año, lo que equivale a cerca de un kilo por día y habitante, pero hoy todavía tenemos 800 millones de personas que pasan hambre. Tenemos aquí un vacío regulador en el que las grandes corporaciones de intermediación navegan libremente. El impacto crítico es la deformación del acceso a bienes esenciales como la alimentación, la energía y las materias primas.

El caos generado es resultado directo de la oligopolización del sistema. En la práctica, a parte de las cinco operadoras principales, son pocas las que tienen importancia sistémica. Esto significa que esas corporaciones pueden definir los precios y manipular la oferta de manera organizada. A este montaje los medios de comunicación lo llaman “mercado”, pero realmente no se trata de mercado en el sentido económico, o sea no tiene nada que ver con el libre juego de la oferta y la demanda. Porque en ausencia de competencia efectiva los mecanismos de manipulación se han convertido en práctica corriente. Un ejemplo: en el 2010, la Glencore controlaba el 55% del comercio mundial de zinc y el 36% del comercio de cobre. En aquel año, la Vitol y la Trafigura vendieron 8,1 millones de barriles de petróleo por día, el equivalente a las exportaciones de petróleo de Arabia Saudita y de Venezuela juntas. (Schneyer, p.2) Para la población en general, incluso la bien informada, la impresión es que las variaciones del precio que afectan a nuestro bolsillo son fruto de mecanismos imprevisibles y no de la actividad de un grupo de corporaciones que simplemente quieren quedarse con nuestro dinero. ¿Quién va a culpar a un mecanismo impersonal y anónimo?

Otro vector de deformación es el secreto. Las empresas gozan de poca visibilidad mundial, solamente los especialistas hacen seguimiento de lo que sucede en este pequeño club. Y nadie tiene autoridad formal para exigir los datos en este espacio mundial. Datos que son necesarios para dar visibilidad a las prácticas que en cualquier país que tenga una regulación contra la manipulación del mercado, inclusive en Brasil, serían ilegales. El resultado es la acumulación de inmensas fortunas en las manos de quien no produjo ninguna riqueza pero cobra el peaje de transacciones muy importantes. El estudio detalla cuales son los principales grupos mundiales, nombres frecuentemente poco conocidos, aunque sean players fundamentales de la economía global. Y el proceso, evidentemente, forma parte de las fantásticas fortunas, concentración de riqueza y desigualdad que analizamos al principio.



A continuación presentamos algunos datos básicos sobre los principales grupos, con los nombres de los respectivos investigadores, siempre en el informe de Schneyer, con algunos datos complementarios de otras fuentes:

Vitol, fundada en el 1996, con sede en Rotterdam y Ginebra, negoció 195.000 millones de dólares en el 2010. Intermedia petróleo, gas, carbón, metales, azúcar. “Navegan tan cerca como pueden del límite de la legalidad” comenta un analista que pide el anonimato. Suministraron clandestinamente combustible a los rebeldes de Libia, lo que les vale hoy una posición de fuerza, (Richard Mably). Informaciones más recientes indican una facturación de 313.000 millones de dólares en el 2012 y el control por parte del gigante financiero estadounidense Blackrock, de Nueva York.




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