História do Tempo Presente: oralidade, memória, mídia


particularmente conscientes de cómo la memoria moldea los



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particularmente conscientes de cómo la memoria moldea los
recuerdos para encajar en el presente, y por lo mismo crea una
cierta sensibilidad respecto de cómo ver el pasado. Esta sensibilidad
tiene que ver con la cultura en el presente. Los testimonios
autobiográficos van creando una convención respecto de cómo
percibir ciertos sucesos del pasado – selección de una tradición –
que se convierte en una visión natural, y como tal es recibida por el
historiador, que asume que los rasgos centrales de esa tradición
constituyen las características homogéneas de un determinado
periodo, y a partir de ellas es que lee y analiza los documentos
históricos. Enfocar la memoria en el presente nos ayuda a entender
cómo ocurre la selección y construcción de esa tradición unilineal,
a la vez que nos provee de elementos para desmontar los términos
y recomponer la complejidad de los sucesos mismos.
Referências
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DF: Ediciones Casa Chata, 1982. [1ª. edición: 1957]
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2011.
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Argentina 1976-1983:
la oposición obrera a la dictadura en la
memoria de cinco trabajadores
1
Pablo Alejandro Pozzi
Hace ya más de veinte años, los trabajadores ferroviarios
argentinos se declararon en huelga en contra de la privatización de
las líneas férreas. Sin la colaboración del sindicato, que participaba
de la venta de los ferrocarriles, estos trabajadores llevaron adelante
una lucha de más de un mes y medio con cualidades heroicas.
Sabotajes, actos relámpagos y movilizaciones fueron algunas de
sus formas de lucha. La principal consigna del conflicto era “si en
el ‘61 no pudieron, en el ‘91 mucho menos”. La consigna hacía
referencia a la heroica huelga de 1961 en contra de la
reestructuración ferroviaria. Lo notable es que la huelga de 1961
1
Una primera versión fue presentada en el Encuentro de la Red de Resistencia
y Memoria, Universidad Nacional de Lisboa, Portugal, 27 a 29 de junio de
2013.


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se perdió. Por ende, si en 1961 si “pudieron”, ¿a qué se estaban
refiriendo los obreros de 1991?
Una de las respuestas posibles es que, para los trabajadores, lo
que se recuerda no es tanto el resultado concreto de tal o cual
lucha, sino más bien la sensación poderosa de haber luchado, de
haber participado en un gran movimiento clasista conformando
una memoria determinada. En este sentido, la consigna ¿es verdad
o es mentira? En realidad es ni una cosa ni otra. La consigna es
cómo un grupo social ha construido una memoria a partir de una
experiencia concreta. Desde el punto de vista de los hechos, la
consigna no es veraz; pero desde el punto de vista de la subjetividad
obrera se revela como una “estructura de sentimiento” real
(WILLIAMS, 1989). Por ende, para el historiador, el criterio de
“veracidad” no depende de un posicionamiento positivista sino
más bien del objetivo de su investigación. Así, por ejemplo, uno de
los momentos más recordados de la historia obrera argentina fue
la toma del frigorífico Lisandro de la Torre en 1959
2
. Si todos
trabajadores que testimonian haber participado de esa lucha lo
hubieran efectivamente hecho, serían decenas de miles. Una vez
más ¿es falso lo que nos cuentan? En términos objetivos puede
serlo y tenemos que desarrollar controles que permitan separar la
invención de la realidad. Pero desde el punto de vista de la memoria
esto dice mucho más que si en realidad hubieran participado; nos
sugiere que este hecho fue central en la experiencia y la subjetividad
de los trabajadores argentinos.
En la práctica real de los grandes grupos sociales, la construcción
de una memoria particular de estas experiencias de lucha cumple
dos funciones claves. La primera es como cohesión grupal que
define un “nosotros” y un “ellos”, una forma de comportamiento
2
Esta fue una lucha emblemática en contra de la privatización del frigorífico
testigo en el barrio de Mataderos, en Buenos Aires, enero de 1959. La
ocupación de la fábrica por unos cinco mil obreros se convirtió en una
batalla campal con las unidades del Ejército enviadas a desalojarlos. Véase
SALAS (1990).


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entendido como “correcto”, y toda una concepción cultural
“clasista” que abarca y subyace elementos ideológicos y políticos.
O sea, esta “memoria” es central a la existencia de una identidad
determinada. La segunda es que estas prácticas y memorias
constituyen la materia prima del acervo de experiencia que permite
la continuidad de luchas y actividades en pos de intereses sectoriales.
Más allá de su resultado concreto, cada lucha prefigura y contribuye
a las luchas posteriores convirtiendo la memoria de haber luchado
en un elemento poderoso de la percepción colectiva.
El nexo entre luchas, experiencias y prácticas clasistas lo
constituye la memoria. De hecho, la memoria sería la forma en
que se recuerdan hechos en un momento (necesidad) determinado.
La memoria no es ideología, ni tampoco es un relato del pasado,
si bien es cierto que no son excluyentes y que hay una fuerte
articulación entre ellos. La historia (en particular la oficial) presenta
límites y vectores de fuerza para tratar de moldear la memoria.
Pero en general tiene un éxito limitado, y las personas (y los grupos
sociales) resignifican la historia para incorporar “su” memoria, o
sea, el cómo procesan e interpretan “su” experiencia.
La memoria siempre es selectiva y siempre se hace desde las
necesidades y los problemas de hoy. Nadie se acuerda de todo,
sino que recurre a aquellos elementos que le son útiles adaptándolos
y transformándolos según su necesidad. En este sentido la memoria
jamás es “la verdad”, sino que es una especie de reservorio selectivo
de experiencias, donde los recuerdos se articulan entre sí a través
del prisma de las necesidades actuales. Como tal, la experiencia
jamás desaparece, sino que el mismo hecho conforma una memoria
distinta según el momento histórico. Sin embargo, el hecho de que
la memoria no desaparece no implica que la experiencia siempre
exista en la conciencia, sino que puede ser relegada al inconsciente
y subsistir como algo no constructivo sino como sensaciones de
injusticia y de furia o también de apatía. Así la memoria puede ser
modificada, fragmentada, postergada e inclusive relegada, pero
nunca es inexistente.
Según Raphael Samuel (2008, p. 12),


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la memoria, lejos de ser un mero dispositivo de almacenamiento o
un receptáculo pasivo, […] es una fuerza activa y modeladora que
es dinámica […] y que se relaciona de manera dialéctica con el
pensamiento histórico […] a su manera, se trataba de un modo de
construir conocimiento.
Basándose en Maurice Halbwachs, Samuel plantea que la
memoria es subjetiva. Pero, al mismo tiempo, la memoria combina
una percepción de la experiencia personal con una percepción del
conjunto social, para ir definiendo un accionar y una visión particular
de la historia. Esto implica también que el registrar la memoria de
un grupo social implica adentrarse en su subjetividad.
Lo anterior es sugerente en cuanto a los trabajadores argentinos
y su construcción de la memoria de su accionar durante una
dictadura represiva como lo fue la de 1976 a 1983. Esta memoria
se basa en recuerdos, anécdotas y tradiciones, tanto personales
como colectivas, y sirve no para construir una historia sino para
establecer una identidad clasista que subyace lo que Tim Mason
(1993) denominó “la oposición obrera”
3
. Mason había encontrado,
en su extensa investigación sobre los trabajadores alemanes bajo
el nazismo, que la represión absoluta había resultado en un
aniquilamiento del activismo y la militancia obrera. Sin embargo,
también encontró que esto no había llevado a los obreros alemanes
a una apatía y quietud. Por el contrario, Mason descubrió niveles
de conflictividad y lucha que aprovechaban las características


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