História do Tempo Presente: oralidade, memória, mídia


particularmente en torno a la existencia, o no, de formas de



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particularmente en torno a la existencia, o no, de formas de
resistencia o de colaboración con los golpistas. Si Delich señaló
que la gran mayoría apoyó al golpe de estado, y los entrevistados
lo niegan en la construcción de su memoria, entonces ¿qué significa
esto para el esfuerzo de la historia oficial de construir una historia
hegemónica colaboracionista?
La contradicción señalada existe inconscientemente en las
entrevistas y, al mismo tiempo, es probable que determinara que
los entrevistados eligieran comenzar su testimonio estableciendo
su posición respecto de esta discusión, que serviría para anclar
8
Véase, en particular, la Introdução. Zadig e a história en Chalhoub (1990).


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toda su participación en la construcción de la entrevista. Así, por
ejemplo, Don Lolo comenzó explicando que: “La gente no hacía
nada porque es un establecimiento – ¿cómo te voy a decir? –, no
son luchadores de frente. Si el patrón viene y dice ‘hay diez pesos
de horas extras’, todo el mundo contento” (Entrevista con Don
Lolo, 1988). A su vez Aníbal expresó, en su primera intervención:
Yo trabajaba en una fábrica grandísima, con 1.700 obreros, el
frigorífico Pedró Hermanos, aquí en Banfield. Prepararon todas las
condiciones, cuando fue el golpe de estado fue el día que hubo
mayor presentismo a pesar de la incertidumbre […]. La gente, con
mucho temor, se vino a laburar
9
. Yo creo que no hubo un argentino
en ese momento, a no ser un tipo esclarecido, que no decía que eso
tenía que terminar, que vinieran los militares. (Entrevista con Aníbal,
1987)
A su vez Pete dijo: “Nosotros estábamos en contra del golpe.
La víspera del golpe estábamos en Chingolo, hablando con unos
compañeros, creo, y decíamos que era tarde. Porque se veía venir,
era como ver una lluvia que viene acercándose. La gran mayoría
lo pedía” (Entrevista con Pete, 1987).
En los tres casos es notable lo que señalan y lo que silencian,
sobre todo porque dos de ellos eran comunistas mientras que Lolo
no sería considerado como un obrero politizado o de izquierda. Por
lo pronto los tres opinaron que “nadie hizo nada”. Pero, al mismo
tiempo, tomaron distancia personal de esa afirmación. Para Don
Lolo fue “la gente” la que no hizo nada, y de hecho no se incluye
en el colectivo; para Aníbal la excepción fueron “los esclarecidos”;
mientras que Pete hace una clara distinción entre “nosotros” y “la
gran mayoría”. No se trata de disputar si el golpe militar de 1976
tuvo apoyo popular o no, lo que interesa aquí es señalar que los
entrevistados comienzan su relato a partir de parámetros concretos.
En cierto sentido, lo que parecen decir es que aceptan la versión
oficial por la cual “todos los argentinos fueron golpistas”, pero
9
Laburar: argentinismo por “trabajar”, se deriva de la palabra italiana
“lavorare”.


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como esto no concuerda con su experiencia personal, entonces se
ven obligados a diferenciar al conjunto social (incluyendo a sus
compañeros trabajadores) de sus propias vivencias. De esta manera
los entrevistados se ubican dentro de los criterios “aceptados”. Sin
embargo, la forma de hacerlo es importante y no sólo revela una
subjetividad que niega la historia oficial sino que en realidad sienta
las bases para generar una contrahistoria.
A partir de establecer su “excepcionalidad”, que parece
permitirles reconciliar lo que sería una “historia oficial” y su propia
experiencia, los entrevistados comienzan un cuidadoso (aunque
inconsciente) proceso de negación al manifestar la construcción de
una “memoria resistente”. Esta memoria resistente tiene
coordenadas concretas, sobre todo en torno a la percepción de la
historia como lucha o guerra de clase, central a la defensa de sus
derechos y dignidad. Al decir de Don Lolo: “Porque así tengo mis
derechos”.
Un elemento notable en los testimonios analizados es que la
construcción de la memoria en apariencia no incluye casi referencia
al tema represivo. Es evidente que esto llama la atención del
entrevistador que incorpora, casi de repente, preguntas al respecto.
Esto no implica que no tuvieran conciencia del problema, o menos
aun que no hubiera represión. Por ejemplo, cuando se les preguntaba
por el tema explícitamente, la respuesta era concreta pero también
con ciertos tonos de naturalidad, por ejemplo:
Pregunta: ¿Había miedo? Ahora, pero este fue un barrio muy
golpeado… [por la represión]
Aníbal: Ahí fue cuando lo desaparecieron a Rosario, que apareció
con 17 tiros en la espalda, ahí en Cañuelas. Esto fue en el ‘78, por
ahí. Era de los nuestros. Dijeron que había sido un ajuste de cuentas
entre los mismos Montoneros
10
. ¡Qué va a ser! Si lo sacaron de la
casa. Estaba con la hija. Era delegado de la Línea 3 de colectivos, de
la UTA
11
. (Entrevista con Aníbal, 1987)
1 0
Montoneros: Organización armada político-militar peronista.
1 1
UTA: Unión de Tranviarios Automotor.


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Pregunta: ¿A ustedes la represión en la fábrica cómo los afectó?
Lolo: Y, no. Porque fueron inteligentes que pisaron con pies de
plomo. Hubo ese secuestro que pasó esas 24 horas y chau, nada
más. Ahí la gente se asustó mucho, se amilanó. Yo se que andaba la
Federal dando vueltas alrededor de la fábrica. (Entrevista con Don
Lolo, 1988)
Pregunta: Pero ¿había represión en la fábrica?
Jorge: La forma en que se trabajaba no me gustaba, era bastante
persecutoria. Y eso fue antes del ‘76 y después peor todavía. […]
Desaparecidos en esa fábrica no hubo muchos, pero un montón
que echaron, redujeron, hicieron un montón de cosas. Gente que
empezaba a armarse para hacer algo la echaron. En esa época me
acuerdo que venían a la fábrica […] dos dirigentes. Se reunían o
con el dueño o con el jefe de personal. Trataban, acordaban y
después se lo daban a la Interna
12
. Siempre se trabajaba así
13
.
(Entrevista con Jorge, 1988)
Este aspecto es muy interesante, sobre todo por la forma de
expresarse. Cuando Jorge concluye “siempre se trabajaba así”,
está resumiendo una estructura de sentimiento sobre la vida obrera
en general: el trabajador se desempeña normalmente en un ambiente
represivo. Al decir de Robert Linhart (1989, p. 108): “La fábrica
está pensada para producir objetos y triturar hombres”. Subyacente
a esto, los entrevistados estaban expresando una percepción, que
sólo puede ser explicada como una vivencia de clase,
profundamente diferente a la del entrevistador. Como universitarios
pertenecientes a los sectores medios, los investigadores tendían a
compartir la opinión que la represión salvaje comenzó con el golpe
militar de 1976. Esta no es la realidad de los entrevistados; el
“sentido común” de los trabajadores les decía otra cosa. Por ejemplo,
Jorge ubicó la represión desde “antes de 1976”; y Ramón, cuando
1 2
Interna: Comisión Interna de fábrica, el organismo de base de los sindicatos
argentinos.
1 3
Jorge militaba en el Movimiento al Socialismo (MAS), una organización
trotskista dirigida por Nahuel Moreno (Hugo Bressano).


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se le preguntó si hubo represión en construcción, respondió: “Si, la
represión empezó en el ‘59
14
. No fue sólo del ‘76. Cuando vino la
intervención de julio del ‘59, empezó la lista negra y se mantuvo
hasta ahora.” Esto indicaría que, en la percepción de estos obreros,
no hay un correlato entre represión y dictadura, ya que las entrevistas
indican que esta es permanente. En ese sentido, la represión tiende
a naturalizarse como algo objetivo de la realidad, y por lo tanto no
hace falta recordarla ya que su excepcionalidad no es tal. Hasta
dónde esto es parte de la percepción de los entrevistados y no de la
subjetividad obrera en general es un tema complejo de dilucidar.
Más aun, si la experiencia individual y/o colectiva marca los límites
y los significados de la subjetividad entonces es lógico suponer que
la subjetividad obrera no es la misma que la de los sectores medios.
Los indicios disponibles, vía autobiografías, relatos y una cantidad
de entrevistas sugieren que la represión es una contracara de todo
relato obrero. Esto parece indicar que los entrevistados aceptaban
la violencia como algo cotidiano y parte del mundo hobbesiano en
el que viven, o sea como algo “natural”. Por eso al entrevistador le
llama la atención que el tema no se explicitara en las entrevistas a
menos que se realizara una pregunta directa, mientras que para
los obreros estudiados era innecesario ya que era un supuesto
conocido.
Un elemento central a la historia oficial es lo que se puede
denominar “quietismo” o despolitización. Es evidente que las
entrevistas abarcan este tema específicamente para poder comparar
la memoria de los entrevistados con la historia oficial. Por ende las
1 4
La referencia es notable ya que Ramón es comunista. El año 1959, durante
el gobierno electo de Arturo Frondizi, se aprobó el Plan Conmoción Interna
del Estado (CONINTES), dirigido en contra del activismo sindical. Ese fue
el año de la huelga, ya mencionada, del Frigorífico Lisandro de la Torre, y
también el año de las grandes huelgas bancarias. En general los historiadores
aceptan ese año como una fecha importante para el sindicalismo peronista.
Ramón está sugiriendo que la fecha es importante para el conjunto de los
trabajadores, y también indica que un gobierno “democrático” puede ser
también represivo.


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entrevistas incluyen preguntas específicas sobre el activismo obrero
y la militancia política. Las respuestas son tan ilustrativas como
aquellas sobre el tema represivo: en todos los casos señalan que,
por lo menos en aquella época, la política y en particular la de
izquierda, era parte de la vida cotidiana. Por ejemplo:
Pregunta: Usted ¿vio volantes, cosas por el estilo?
Ramón: Aparecía, pero muy poquito. Un largo tiempo después del
golpe. El que más trabajaba en el gremio era la fracción en los
colocadores. Una fracción trotskista. Eran los primeros que salieron
con sus volantes. Denunciaban las condiciones de trabajo y todo
eso.
Pregunta: ¿Quién? ¿El PST?
Ramón: Más bien tiraba para el ERP. Y la gente decía que tenían
razón
15
. (Entrevista con Ramón, 1987)
Pregunta: ¿Problemas con la subversión no tenían adentro?
Lolo: Yo no tuve ninguno.
Pregunta: ¿No se imprimían los volantes de los Montoneros?
Lolo: Se los imprimían. Escúchame, ahí se hacía cualquier cosa.
Aparecían volantes por todos lados. Una vez pusieron una bandera
comunista arriba de la torre de obras sanitarias que está adentro de
la fábrica. ... Después del golpe. El golpe fue en el ‘76. Y bueno ahí
apareció una bandera. ¿Quién la puso? No sé. [Risas] Pero le querían
cortar el cogote al director de la fábrica. Aparecían volantes pegados...
Los volantes, es muy simple en Fabril. Yo sabía que eran todos de
Mao
16
. Mirá, a mi me pegaban volantes en la caldera. Venía el
peronista y me pegaba uno. Venía otro que era comunista y me
pegaba uno.
1 5
PST - Partido Socialista de los Trabajadores, organización trotskista que
luego conforma el MAS. ERP - Ejército Revolucionario del Pueblo, una de las
organizaciones guerrilleras argentinas más importantes de la época. Su
dirección política era el Partido Revolucionario de los Trabajadores, de
orígenes trotskistas y luego de orientación guevarista.
1 6
Se refiere al Partido Comunista Revolucionario, de orientación maoísta.


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Pregunta: Entonces ¿vos sabías quién era peronista y quién era
comunista en la fábrica?
Lolo: Eran todos compañeros. Uno me quería enganchar a toda
costa que tenía que ser comunista. Y yo le digo: “Mira, vamos a
hacer una cosa, afíliate al radical y yo al comunista”. Y esas cosas.
Discutíamos pero de compañeros. […] Es una gran familia.
(Entrevista con Don Lolo, 1988)
Observemos cómo ambos, Ramón y Lolo, establecen que existía
una actividad política constante como algo perfectamente natural
y cotidiano. Al mismo tiempo no les hace falta decir que nadie
denunciaba a los militantes políticos. Más aun, cuando Lolo declara
que “no tuve problemas con la subversión”, queda implícito que el
problema era para la patronal ya que los militantes estaban del
lado de la clase obrera. Inclusive, la expresión de Ramón “la gente
dice que tenían razón” es ilustrativa de ello, lo mismo que cuando
Lolo señala que “discutíamos, pero de compañeros”. La expresión
“una gran familia” abarca a todos los trabajadores dentro de la
fábrica y, sin necesidad de decirlo, excluye a la patronal. Inclusive
es notable que Lolo insistía a través de la entrevista que a él no le
gusta “la política” ya que “somos gente de trabajo”. Sin embargo,
toda su memoria se encuentra salpicada con referencias políticas.
Por lo tanto ¿a qué se puede estar refiriendo? Lo más probable es
que Lolo haya entendido “a la política” como algo que realizan los
“políticos profesionales”, mientras que el quehacer político familiar
o del activismo fabril es algo entendido como distinto. Asimismo,
subyacentemente lo que parece sugerir Lolo es que dedicarse a la
política no es trabajar. Tal como señaló Petras, esta percepción o
estructura de sentimiento es producto de cuatro características
fundamentales de la clase obrera argentina. Estas son: 1) un alto
grado de solidaridad y organización de clase; 2) un rechazo
generalizado a los valores y la dominación del Estado y de la
burguesía; 3) una clara noción de intereses de clase con un bajo
nivel de mistificación, que se evidencia en el rechazo a sacrificar su
estándar de vida a cambio de un ilusorio “desarrollo nacional”; y
4) poderosos lazos informales, expresados a través de la familia, el


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vecindario y el lugar de trabajo, que refuerzan la unidad de la clase
en contra de la clase dominante (PETRAS, 1981, p. 260-261).
Todo esto apunta a una subjetividad vibrante basada en la
permanente, e inconsciente, resignificación de términos, expresiones
y nociones en apariencia compartidos con otros sectores sociales.
Lo anterior contribuye a explicar el surgimiento de nuevos
activistas obreros, aun en condiciones de fuerte represión.  Por
ejemplo:
Pregunta: ¿Cómo surgen los activistas?
Pete: El tema de tomarse un vinito a escondidas, pelar una petaca de
ginebra cuando hace frío, es un tema obligado para charlar. Se van
conociendo. ¿Sabés cómo se conocen? Fulano es un tipo que va al
frente. Fulano es un tipo que sabe, dice otro. Fulano es un tipo que
es muy capaz en el laburo, y tiene muy buena parla
17
. Fulano sabe
lo que vale su trabajo. Pero a su vez lo transmite, y así enseña lo que
vale el trabajo de todos. La gente se va conociendo así, va
reconociendo determinada gente. Aunque nadie diga si fue o no
dirigente gremial, y la gente no comparta su historia personal o
política. Y cuando se dan los problemas (económicos, accidentes)
necesariamente o salen o la gente misma los saca a relucir. Che,
¿qué hacemos?, les preguntan. Surgen formas organizativas.
(Entrevista con Pete, 1987)
Aníbal: Yo te iba a decir... yo vengo desde la otra vereda. En esa
época no tenía militancia. Era muy embromado para todos bregando
que había que organizarse, porque yo reconozco ahora, con otra
visión, que había tanto descreimiento con el que trataba de organizar.
Primero porque generalmente, el que trataba de organizar era de
tendencia izquierdosa. Había miedo a juntarse con ellos. […] Yo les
tenía miedo a los rojos. Y el día que dije “aquí hay que hacer algo,
hay que cambiar la cosa”, miré y para el único lado que miré fue
para donde estaban los que estaban todos pintados de rojo. Que
eran los que estaban haciendo algo desde el principio. Me guié por
ellos porque eran los únicos tipos que se habían estado jugando...
(Entrevista con Aníbal, 1987)
1 7
Parla: argentinismo para “hablar”, proviene del italiano “parlare”.


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Lo que llama la atención es que la politización y el compromiso
no están anclados en un convencimiento o en un “despertar”
ideológico. En ambos casos la explicación parte de la experiencia
personal que combina necesidad con el reconocimiento positivo
de la actividad militante, y un criterio por el cual la lucha obrera
tiende naturalmente a acercarse a la izquierda. Aníbal parece
decir que la realidad obrera, no la ideología, es lo que lo llevó
desde Acción Católica al Partido Comunista. Esta realidad
se expresa no tanto en propuestas programáticas sino en una
praxis que genera lo que se podría denominar “líderes naturales”.
Así, para Aníbal es importante que “se la estaban jugando”,
mientras que para Pete lo crucial es que “Fulano sabe lo que vale
su trabajo” y lo transmite. Por ende los entrevistados, ya sea un
obrero que no es “de izquierda” como Lolo, u otro que comienza
“con miedo a los rojos” como Aníbal, o un militante como Pete, lo
que transmiten es un “sentido común” donde los obreros de
izquierda también son considerados parte de “la gran familia”
trabajadora.
Todo lo anterior sirve para expresar lo que los entrevistados
parecen considerar “el momento clave”, o sea, el relato de su
protagonismo histórico. Así, la narración de cada uno tiene una
progresión casi lineal: parte de una aparente aceptación de la
historia oficial, para luego plantear su carácter de testimoniante
excepcional (o sea, distinto a la media) y no colaboracionista; de
ahí pasan a establecer un “nosotros y un ellos” que reafirma su
identidad como obreros en contraposición a otros sectores sociales;
luego centran su narración en el momento de lucha, o sea, en la
“prueba” de que ellos si se opusieron a la dictadura; y, como
veremos más tarde, van a concluir con una lección dirigida al
conjunto de los trabajadores. En este sentido el criterio clasista
construye una memoria de lucha contestataria y opositora a los
objetivos dictatoriales y de la burguesía, que al mismo tiempo
reafirma una identidad obrera y una centralidad de su protagonismo
histórico como sector social.
Todo lo anterior se combina para sugerir la existencia de una


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praxis anclada en el “sentido común” implícito en una “cultura
ordinaria” obrera, en la acepción de Raymond Williams (1989).
Esto invierte nuestra percepción de la conflictividad obrera: en vez
de entenderlo como un producto de decisiones “desde arriba” (de
liderazgos o de propuestas ideológicas), la combatividad de los
obreros argentinos debería ser considerada “desde abajo”, o sea,
como algo que emerge de la realidad vivida para gestar prácticas
de lucha concretas. Por ejemplo, según Lolo:
[…] les digo a mis compañeros, “vamos a cortar las horas extras
porque estos señores nos están sacando la categoría a nosotros”.
[…] Y porque, ponele se pedía un aumento, se decía que no, y ahí
nos reuníamos. Cortamos las horas extras. En la época del Proceso
18
cortamos las horas extras y todo. Y las cortamos porque nos
prometían un 5% de aumento, esperábamos varias fechas y nunca
venía. Lo hicimos varias veces. Hemos vivido oprimidos. Mirá yo en
la época del Proceso tuve una agarrada muy grande con un tal Pons,
jefe de relaciones públicas. Entonces, él nos quería sacar un convenio
que yo lo había conquistado. Yo lo había conquistado, de que a los
20 minutos me tenía que retirar. O sea cumplíamos siete horas 40.
Trabajábamos 7 horas y media, y ahora ocho horas, y nos pagaban
ocho y media. Entonces, cuando yo llego nos mandaba a trabajar
los sábados a la tarde normal. Los sábados a la tarde es 100 por
100. Éramos siete u ocho, venimos y nos encontramos que trabajaban
ocho horas los sábados a la tarde. En caldera trabajábamos tres
foguistas, porque sacaron el turno de noche. [Esto fue en el] ‘78
sería, más o menos... Y le digo a los compañeros: “Perdónenme
que se los diga pero cuando me toque a mi venir de tarde si no me
lo pagan el 100 por 100 paro la caldera. […] Pero un compañero,
que sabía mucho de leyes, empezó a pelearla, hasta que cada cual
a su turno y tuvieron que pagar lo que correspondía. […] Yo no
tuve miedo, yo hablé. Yo estuve casi seis meses cortándole las horas
extras, hasta que me mandaron a lo que me correspondía. (Entrevista
con Don Lolo, 1988)
La construcción de una memoria casi mítica es evidente.
Lolo se convierte en el protagonista, y por ende en la expresión del
1 8
Proceso: Proceso de Reorganización Nacional.


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conjunto de la clase. El tema de “no tener miedo” hace a su
machismo, pero también a la construcción de una identidad
digna en un contexto donde “hemos vivido oprimidos”.
Pero, al mismo tiempo, como obrero viejo imbuido en las tradiciones
y el sentido común colectivo, siempre regresa a un “nosotros”,
donde su relato articula una memoria en función de la cons-
trucción de una historia de dignidad y de lucha. Así la expresión
“hemos vivido oprimidos” no sólo ubica su relato en la tradición
colectiva, sino que implica una crítica al sistema social en su
conjunto, y contrapone el “nosotros” a “ellos”, representado
por el jefe de relaciones públicas. Claramente, Lolo está presentando
una visión política e ideológica, aunque él la perciba no como tal
sino como “sentido común” emergente de su realidad como
trabajador.
No sabemos hasta dónde es verídico lo que relata Lolo, como
no sabemos si su protagonismo fue tal. Pero lo importante, para
Lolo, no es la veracidad de lo que dice. Al igual que los ferroviarios
que citamos al principio, lo que importa es dejar en claro que no
hubo una aceptación pasiva, y si bien Lolo puede no haber sido el
protagonista de este conflicto, lo real es que puede haberlo sido, él
u otros. La conclusión del relato de Lolo debería ser obvia: en su
memoria, y en su aporte a la memoria colectiva y por ende a una
“contrahistoria oficial” de la clase obrera, no hubo pasividad obrera
ante la dictadura. Lo que hubo, al decir de Tim Mason, fue una
“oposición”.
El relato de Lolo es difícil de constatar, porque aun si
entrevistáramos a varios de sus compañeros, es factible que el
relato de “oposición” se haya sedimentado en una estructura de
sentimiento determinada. Lo que le da visos de probabilidad,
y gesta indicios que lo hacen creíble, es la cantidad de otras
historias de lucha que si se pueden constatar. Jorge relató la suya,
y si bien los detalles son propios de esa historia silenciosa y oculta
de la clase obrera, los grandes rasgos de la misma se pueden
constatar en la prensa de la época y en la documentación
disponible en el Archivo de la Memoria de la Provincia de Buenos


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Aires
19
. Lo notable del testimonio de Jorge es su esfuerzo por ser
preciso en lo que relata. Esto lo hace en función de lo que,
suponemos, él entiende un deber político como “obrero consciente”:
el de transmitir una experiencia de lucha y organización. Con sus
recuerdos Jorge parece querer aportar a construir una memoria
que contribuya a la historia colectiva de la clase obrera argentina.
Así, Jorge recuerda:
La experiencia que voy a contar es la lucha que tuvimos cuando se
vino abajo la fábrica. Era Littal S.A. Está ahí en Belgrano y Vélez
Sarsfield, en Avellaneda. A dos cuadras del sindicato. Una ferretería.
[Éramos como] trescientos y pico. Fueron achicando, achicando,
achicando. Cuando fue la gran lucha éramos 160. Bueno, ahí
dominaba netamente la UOM Avellaneda
20
. No se hacían asambleas
ni nada si no venía un dirigente del gremio. […] Después siempre
que tratabas de hacer algo se acordaban entre el gremio y la patronal
y te rajaban
21
. Entonces hicimos un trabajo distinto entre un grupo
de compañeros. Nos empezamos a meter junto con la burocracia,
nos empezamos a meter en el sindicato. Íbamos allá, nos reuníamos
con ellos, tratando de disimular la forma de pensar, hacíamos oídos
1 9
El Legajo 133, un dossier elaborado por los agentes de la DIPBA (Dirección
de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires) después de los
primeros años de represión (fecha relativa, marzo de 1979 o 1980),
presentaba un balance de la situación laboral en las grandes industrias (100
empresas) donde existieron conflictos obreros antes del golpe militar de 1976
(merma de producción, suspensiones, despidos, sabotajes, ocupaciones,
atentados a directivos). El título del documento es: “Principales
establecimientos fabril-industriales de la Provincia de Buenos Aires que han
sufrido estados conflictivos y posible infiltración subversiva”. A partir de
1980, los legajos confeccionados por la DIPBA en el sector gremial registran
una conflictividad obrera en ascenso, y además una preocupación por los
datos económicos, las situaciones recesivas en las fábricas y la desocupación.
La documentación disponible confirma los numerosos testimonios de las
víctimas de la represión, y revela que las conclusiones derivadas a partir de
la documentación circunstancial y secundaria son correctas. En particular
este informe hace referencia al acceso al material documental del Archivo de
la DIPBA que se encuentra en la sede de la Comisión Provincial de la
Memoria, en la ciudad de La Plata.
2 0
UOM: Unión Obrera Metalúrgica.
2 1
Rajaban: argentinismo por “despedir”.


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sordos a muchas cosas, reventábamos de bronca pero nos
callábamos, y fuimos trabajando así. De esa forma, porque ahí
cuando se elegía delegado estaba todo preparado anteriormente.
Una vez que estábamos firmes empezamos a dar la cara quiénes
éramos. Había compañeros de todo tipo de ideología, había de
todo. Pero era una cosa muy tapada por el momento. La dictadura
no era joda
22
. Mayoritariamente eran peronistas los compañeros.
Éramos más o menos 12 o 14, casi un 10%. Un grupo bastante
fuerte.
Cuando llega este compañero a la Comisión Interna se empieza a
polarizar dentro de la Interna. Resulta, claro, que los métodos de
unos chocaban con los métodos de otros. No sólo las ideas, sino los
métodos. Nosotros en el taller no pasaba una semana que no
teníamos una asamblea. Y los otros no hacían nada. Porque querían
digitarlo todo, los delegados con el gremio, y que la gente se entere
después. Ya empezaron los choques. Y el grupo fuerte del equipo
que tenían de activistas, que estábamos dentro de la agrupación,
nos fuimos separando antes de que nos pase algo. Agarramos y
empezamos a trabajar en equipo. Y ahí nos hicimos fuertes, por
algunas cosas que habíamos conseguido. Trabajás todo el año, pero
cuando llega octubre trabajás muy fuerte. Entonces nosotros
apretábamos ahí. Inclusive apretamos tan fuerte que inclusive una
vez firmaron un acta de compromiso el sindicato con Littal, y nosotros
en una asamblea les hicimos romper el acta, y ahí empezaron los
grandes choques. Tanto con la burocracia como con la patronal.
Ahora, cuando empezamos a dominar la fábrica y se veía que si
había elecciones íbamos a barrer toda la Comisión Interna, hacen
sondeos a ver si podía hacer rajes y eso. Y al primer síntoma... fa, un
paro. Al sólo enterarnos. (Entrevista con Jorge, 1988)
El comienzo de la narración es notable: establece que la lucha
“es experiencia” mientras que subyacentemente queda claro que
ésta es importante. De ahí pasa rápidamente a detallar su
conocimiento del tema al brindar una serie de datos sobre el
establecimiento. Y luego quiere dejar asentado que la lucha era
justa, especificando los agravios sufridos y estableciendo que no
actuaron improvisadamente. Aquí hay dos elementos que son
2 2
Joda: argentinismo por “chiste”.


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importantes resaltar. El primero es que, al señalar la peligrosidad
de la dictadura, también está resaltando la heroicidad de la lucha
y la conciencia de los riesgos. El segundo es que esto fue cosa de
obreros en su conjunto, y no de partidos políticos: “había… de
todo tipo de ideología” contrapone la noción de compañero a la
pertenencia partidaria.
A partir de ahí Jorge continúa su relato, estructurando una
dicotomía de dirigentes corruptos, colaboracionistas y
burocratizados versus obreros combativos, honestos y solidarios.
Esta dicotomía es importante a la luz de que todos los entrevistados
parecen aceptar la historia oficial del colaboracionismo con la
dictadura. Jorge parece señalar que los que colaboraron fueron los
dirigentes (“burócratas”, diría él) y no los trabajadores. Y en eso
deja en claro la inventiva de los trabajadores, y el hecho de que no
estaban solos, sino que eran acompañados por obreros de otras
fábricas:
[…] ‘79. Plena dictadura, estaba Videla
23
 todavía. […] Cuando llega
esa recesión empieza a golpear la fábrica. Se cortan las horas extras,
empieza el retiro voluntario. Ahí es cuando quedan 160 compañeros.
Se fue un montón de gente. Y ya empiezan a correrse las versiones
que van a suspender, cerrar... nos debían el aguinaldo porque la
crisis ya estaba, estaba el problema de las vacaciones, estaban
quincenas adeudadas. Nos debían guita
24
. Estuvimos todo el mes
de mayo luchando, luchando. Íbamos y veníamos. En el sindicato
no podíamos reunirnos porque lo teníamos en contra. Empezamos
un grupo, primero en bares, y después que vimos que podíamos
hacer algo nos reuníamos en la parroquia ahí cerca del cementerio
de Avellaneda, dentro de una villa
25
.
2 3
Videla: el general Jorge Rafael Videla, “presidente” de la Junta Militar que
gobernaba el país durante la dictadura de 1976-1983. Fue sucedido por el
general Roberto Viola en 1981.
2 4
Guita: argentinismo por “dinero”.
2 5
Villa: referencia a “villa miseria”, barriada de sectores marginados signada
por la inestabilidad laboral.


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Nos reunimos un mes. Ya teníamos la promesa de la fábrica de que
iba a pagar. A la mañana no pagó. Invitamos a todos los compañeros
a venir. Y vinieron un montón de compañeros, no me acuerdo
cuantos, pero eran un montón. Y sobre todo compañeras, que son
muy lentas para arrancar, pero cuando arrancan no las paran más.
Son más fuertes que los compañeros muchas veces. Tenían miedo,
pero como nos juntamos en la parroquia se animaron. No tenían
más miedo. Fuimos ahí, nos juntamos, propusimos qué hacer. La
idea era conseguir la guita y después luchar por la fuente de trabajo.
Cuando hacemos esas reuniones vienen los compañeros de la
fábrica SERMA, que está en frente de Hidrodinámica Vázquez aquí
en la seccional, que habían tenido un problema similar. Y en conjunto
la comisión de Littal y la de SERMA fuimos a ver a los compañeros
de FAE, una fábrica de SMATA que está en Avellaneda. Estábamos
a punto de hacer una mini coordinadora para luchar en conjunto.
(Entrevista con Jorge, 1988)
Observemos que esta parte de la entrevista gira en torno a la
expresión “luchamos, luchamos”. La repetición del término realza
no sólo la importancia si no la constancia y la dureza del conflicto.
Al incluir la mención de otras fábricas, Jorge parece indicar que
esto era una constante en la realidad colectiva. Así pasa a contar
el conflicto en sí:
Nos reuníamos todos esos compañeros. […] Pero la bronca fue
subiendo porque cuando fuimos a cobrar el aumento, no lo
habíamos cobrado. Y esa tarde fuimos un montón de compañeros
que estábamos ahí, en la puerta de la oficina de personal, todos en
la calle. Y la guita no aparecía. Era un día lluvioso.
Un grupo de compañeros nos fuimos a la UOM Avellaneda, a hablar
con Fernández, este dirigente que atendía la fábrica. Y medio
prepoteó a dos compañeras que fueron conmigo – fuimos cinco –  y
como fue prepotente vinimos para la fábrica y llevamos a todos los
compañeros para el sindicato. Hicimos una reunión dentro del
gremio, ahí en el salón que tienen. Y tanto fue creciendo la bronca
que no mediamos dónde estábamos. Estábamos en una dictadura
y en el sindicato dirigido por una de las peores burocracias. Bueno,
fue tanta la apretada que se tuvo que disculpar públicamente de
haber tratado mal... que estaba nervioso... Y tuvo que ponerse a la
cabeza de la lucha; todo porque vio que eso crecía y crecía.


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Fuimos a la fábrica, y en un momento, no sé si por fanfarronear o
qué, dijo: “bueno si acá, a tal hora, no aparece la guita, vamos a
tomar la fábrica”. Fue ahí cuando nosotros le agarramos la lengua y
dijimos: “Ta bien, vamos a ver, vamos a esperar hasta esa hora, si la
plata no viene la fábrica la tomamos”. Llegó la hora y no apareció
nadie. Bueno, dije, “nosotros tomamos la fábrica”. “Bueno, pero,
bueno...” “Nosotros la tomamos, estamos podridos ya”. Bueno.
Fue él el que hizo una artimaña y se fue para el lado de la portería.
Más bien que los porteros no te van a abrir el portón para que
entrés. Pero había un portón de costado, por donde entraban las
cargas, y cuando ocurrió eso nos fuimos corriendo para el otro lado,
tiramos el portón abajo y tomamos la fábrica. Cuando tomamos la
fábrica aparecen los jerarcas de la empresa que quieren arreglar
todo. Pero la fábrica estaba tomada. Estuvimos toda la noche y todo
el otro día. Habíamos puesto carteles, salimos en los diarios, Diario
Popular, El Quilmeño, Crónica. Fue una toma importante.
Nos pagaron todo. Pero dijeron que después que nos paguen
teníamos que dejar la fábrica porque nos iban a reprimir. No
nos dijeron oficialmente pero lo dieron a entender. Entonces,
nosotros considerábamos que ante esa situación convenía hacer
ver a los compañeros que habíamos conseguido un triunfo porque
habíamos conseguido todo eso. No fue una derrota. Nos retiramos.
Al otro día salió en el diario “Ganaron la lucha”. (Entrevista con
Jorge, 1988)
La memoria de Jorge establece un parámetro de dignidad y
lucha aún en una cruel dictadura y “en medio de una de las peores
burocracias”. Habiendo dejado en claro una serie de criterios
básicos, la narración va creciendo y tomando velocidad. En esa
narración vamos encontrando distintas expresiones de ese “sentido
común” del obrero argentino. Por ejemplo, ¿cómo sabemos que la
UOM era una de las peores burocracias? Porque “prepotearon” a
dos compañeras, y pegarle a las mujeres, igual que a los viejos, en
su visión es una prueba categórica de maldad. De la misma
manera, refrenda su conclusión de que “fue una toma importante”
aclarando que la prensa la reconoció como tal; pero lo que hay
que dejar en claro es que no es cualquier prensa, sino que son
aquellos diarios que leían mayoritariamente los trabajadores de


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Buenos Aires
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. Asimismo, no sólo enfatiza la combatividad sino
también que lo que en apariencia es un quietismo no es tal. Esto
es lo que queda claro de la referencia a “las compañeras, que les
cuesta arrancar pero cuando lo hacen no paran”. Esto es importante
porque lo que sería una valoración machista, debería ser matizada
cuando establece que “son más fuertes que los compañeros”.
También queda clara la inventiva en desarrollar “la oposición”,
cuando relata que utilizan la parroquia para reunirse
clandestinamente. De hecho, la cantidad de anécdotas en los
múltiples testimonios recogidos, que dejan en claro una capacidad
creativa para luchar, es notable. Basta como ejemplo una anécdota
de la fábrica Ford que produjo una cantidad de móviles para la
Policía Federal, todos con desperfectos. Una vez desmontado el
motor de algunos de estos patrulleros, la Policía de la dictadura
encontró en el bloque del motor pequeños balines con cartelitos
pequeños que decían “Por fin lo encontraste, hijo de puta”.
De repente lo que declaran los entrevistados en un principio,
que la dictadura contaba con apoyo y había apatía, no debe ser
tomado al pié de la letra. De hecho, lo más probable es que esto
haya sido una concesión a la “historia oficial”, particularmente
porque a continuación todos se esfuerzan por señalar numerosas
formas de oposición y de preservar la dignidad obrera frente a la
opresión. Esto es más que meros “recuerdos” y conforma la
construcción de una memoria que articula un comportamiento
colectivo que debería quedar claro por la conclusión que hizo Pete
en su entrevista. Señaló:
[La resistencia] me parece que surge en buena parte de la gente que
empezó a hacer trabajo de hormiga, de los bolsones, ¿no? Nace un
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