Esta colección didáctica se dirige a jóvenes brasileños, estudiantes de nivel


Persona, personalidad y personajes



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Espanhol Sintesis - 3º AÑO
Química orgânica
Persona, personalidad y personajes
A veces nos sorprendemos con nuestros sentimientos. De repente, nos 
gusta algo que antes no nos gustaba o nos enteramos de algo que antes 
nos pasaba desapercibido... Y a menudo nos damos cuenta de que 
nuestros sentimientos son contradictorios. ¿Tenemos dos personalidades? 
¿Somos personajes de nosotros? ¿O eso sucede justo porque somos 
personas?
9. 
El texto siguiente, del uruguayo Mario Benedetti, habla de un joven 
dividido entre dos personalidades. Léelo y haz lo que se te pide.
El Otro Yo
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban 
rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos en la 
nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando. Corriente en todo, menos en 
una cosa: tenía Otro Yo.
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El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía 
cautelosamente, se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho 
su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte, el Otro Yo 
era melancólico y, debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió 
lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, 
pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con 
desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo qué hacer, pero 
después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero 
a la mañana siguiente se había suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, 
pero enseguida pensó que ahora sí podría ser íntegramente vulgar. Ese 
pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió a la calle con el propósito de lucir 
su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. 
Eso le llenó de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, 
cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el 
muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: “Pobre Armando. Y pensar que 
parecía tan fuerte, tan saludable”.
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír, y, al mismo tiempo, sintió a 
la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo 
sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.
Mario Benedetti. La muerte y otras sorpresas. Madrid: Alfaguara, 1995.
a. 
Según el texto, el personaje tiene dos personalidades antagónicas. Busca 
en el texto actitudes que pueden relacionarse a las siguientes cualidades:

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